Lunes 16 de abril. Para la mayoría de los participantes, éste es el tercer día de GLOW. Es obvio que las actividades del fin de semana han cumplido con su función socializadora. La gente habla distendidamente durante las pausas café, bromea y sonríe. Yo observo tímida, soy una recién llegada. Según me explican, el fin de semana ha dado para mucho: divertirse, aprender, discutir. En una palabra, conocerse. En este ambiente amistoso comienzan las sesiones de trabajo. Echo un vistazo a la lista de opciones para esta mañana. Tras cierta indecisión, opto por unirme a la sesión que tratará las relaciones entre el PNUD y VNU. Cuando entro en la sala, las discusiones ya han comenzado. Yo, siempre tarde...
La primera conclusión que el facilitador escribe en la pizarra no es precisamente alentadora. Se puede leer “relación débil y ambigua”. A partir de ahí, la discusión se desata. La mayoría habla de dificultades. Opinan que el PNUD no reconoce la contribución de VNU. Algunos van más lejos y aseguran que nuestro socio nos considera una agencia “reclutadora”, no “implantadora ”. Entre la avalancha de críticas, dos voces se alzan para defender las buenas relaciones con el PNUD. Se trata de los integrantes del equipo VNU en Palestina, PO y Country Office Assistant. “El PNUD en Palestina siempre ha entendido la misión del Programa VNU”, afirman, “se trata de una colaboración de respecto y beneficio mutuo”. Hablan con pasión, defienden sus opiniones desde la seguridad que da la experiencia diaria sobre el terreno. El resto de participantes les escucha atentamente, fascinados por la fuerza de sus convinciones. Sin embargo, la mayoría sigue opinando que se trata de situaciones excecpcionales y que, en general, las relaciones no están consolidadas.
Tras la intensa discusión, toca el turno de formular recomendaciones. En una cosa están todos de acuerdo: la necesidad de que el PNUD reconozca la ventaja competitiva de tener como socio a VNU. ¡Medir! ¡Hay que medir las contribuciones de los Voluntarios! Sí, todos de acuerdo pero medir Qué... el número, los costos, la experiencia, el compromiso. Las discusiones se reanudan. Algunos afirman que no se puede medir la contribución de VNU, sin hablar de costos. ¿Cuánto dinero ha ahorrado el PNUD al emplear a Voluntarios de las Naciones Unidas para sus proyectos? Por supuesto, matizan, no se trata solamente de medir el impacto económico pero no se puede obviar ese aspecto. Para otros, el tema Dinero es tabú: “no podemos hablar de voluntariado y de trabajo remunerado al mismo tiempo”, “VNU no es una agencia de mano de obra barata”. La discusión se calienta, no parece que ambas partes vayan a llegar a un acuerdo. El tiempo está a punto de tocar a su fin. Finalmente, el facilitador resume escribiendo: “desarrollar indicadores y herramientas para medir la contribución de VNU a los programas nacionales del PNUD”. Una frase ambigua que parece satisfacer a ambas partes.
La discusión termina y el grupo se levanta. Sin embargo, la conversación sigue en los pasillos. “Hace un día precioso”, “¿Con quién vas a comer? ” “¿Vas a quedarte a cenar esta noche?”. El acaloramiento ha dejado paso a las conversaciones apacibles. Me dejo llevar por el ambiente y, mucho más relajada que hace un par de horas, me dirigo al comedor con un grupo de gente que acabo de conocer. ¡Empiezo a sentirme parte del GLOW!
Por Veronica Perez
Consultant
Communications Unit

